
¡Oh María!
Durante el bello mes que te está consagrado,
todo resuena con tu nombre y alabanza.
Tu santuario resplandece con nuevo brillo
y nuestras manos te han elevado
un trono de gracia y de amor,
desde donde presides nuestras fiestas y escuchas
nuestras oraciones y votos.
Para honrarte,
hemos esparcido frescas flores a tus pies
y adornado tu frente con guirnaldas y coronas.
Más, ¡Oh María!
No te das por satisfecha con estos homenajes.
Hay flores cuya frescura y lozanía jamás pasan
y coronas que no se marchitan.