Señora, amada Madre nuestra,
rostro negro radiante,
lirio blanco de los prados,
ven con tu poder en mi ayuda,
y líbrame de esta tortura
en la que se ha convertido mi vida.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,
como era en un principio, ahora y siempre,
y por los siglos de los siglos.
y por los siglos de los siglos.
Salve Virgen María,
hermosura concebida sin pecado original,
casa consagrada a Dios,
Virgen prudente,
atrio de siete columnas,
mesa rica y rebosante:
A ti acudo en este día,
con toda mi devoción,
a pedirte ayuda y solución
para los graves problemas
que atormentan mi vida.
