Por la mañana
Te has sentado a la mesa
de la eterna fiesta de la fraternidad.
Sabes muy bien lo que hay dentro
de cada uno de nosotros, tus invitados.
Por eso Tú, que en tu angustia ante la muerte
clamaste a Dios y, sufriendo, aprendiste a obedecer,
has querido hacer tuyas
las pasiones y sufrimientos humanos.
Has derrotado a la muerte
derrotando la iniquidad y la injusticia..
Te compadeces tanto de nuestras debilidades,
que quieres quedarte para siempre con nosotros
y así poder echarnos una mano cuando sea necesario.
Te has convertido para los que obedecen a Dios
en autor de salvación.
Y nuestra salvación, Señor, es quererte y amarte.