Dios te salve,
Reina y Madre de misericordia,
he subido a la montaña,
he venido a tu cueva, Virgen María,
para venerar tu imagen,
Santina de Covadonga.
Con tus hijos de Asturias y de España entera
quiero hoy proclamar tus glorias
y unirme a tu canto:
Tú eres la sierva del Señor,
nuestra Madre y Reina.
Como peregrino que ansía afianzar su esperanza,
vengo a este santuario,
testigo de tanta fe y amor en la Historia,
hogar seguro, bajo tu cobijo,
entre los montes, donde pusiste tu casa
y sin cesar dispensas los dones de tu Hijo.
Junto con los pastores
y fieles de esta Iglesia de Asturias, a ti,
que eres dulzura y esperanza de cuantos te imploran,
te pido el don de la esperanza que ilumina el futuro,
el gozo perenne de la fe,
el ardor ardiente de la caridad.